Calabazas coloridas, en otoño recogidas

El otoño da la bienvenida a la calabaza. Un producto muy versátil, que, además, tiene innumerables propiedades.

La calabaza está compuesta en su mayoría por agua. Además es baja en sodio y rica en potasio y vitaminas A y C. También tiene muchos carotenos, de ahí su color naranja, por lo que es un alimento muy antioxidante y saludable.

La calabaza es tan versátil que se puede comer cruda o cocinada. Se puede comer con piel y de ella se aprovechan hasta las semillas.

La calabaza se puede comer cruda, en ensalada, rallada con un poco de queso fresco, por ejemplo. También combina perfectamente en zumos y gazpachos. Si prefieres un plato caliente, se pueden hacer infinidad de cremas y purés, es el acompañamiento perfecto para potajes, guisos y estofados (por ejemplo, aporta un dulzor muy rico a un guiso de lentejas). Hay quien prepara croquetas, empanadillas… su versatilidad no tiene fin. Las pepitas de la calabaza son muy ricas en omega 3 y con ellas pueden prepararse deliciosas salsas o comerlas tostadas como un rico aperitivo.

También es un ingrediente habitual de nuestros postres tradicionales o incluso de deliciosas mermeladas.

Por si esto fuera poco, esta cucurbitácea, cuenta con la ventaja de que se conserva durante mucho tiempo, así que no te importe que sea muy grande cuando la compres.

¡UN TRUCO! Si su piel es muy gruesa, a veces cuesta mucho pelarla. Para que sea más fácil puedes cortarla en trozos y cocerla un rato. De esta forma la piel se ablandará y será mucho más fácil de pelar.